Esta es la realidad: home office acompañado de agendas que no tienen principio ni fin; mezcla de situaciones que nos inundan con emociones difíciles de manejar; y presiones económicas que completan la ecuación. Y eso que no hemos incluido en la foto la realidad doméstica de cada cual, que puede ir desde espacios muy improvisados de trabajo hasta el multitasking en su versión más extrema (un bonus para quienes tenemos hijos).
Pero sin duda no todo es malo, es cuestión de encontrar los recursos adecuados para dar solución a cada situación y no permitir que los cambios nos agobien hasta el punto de perder la conciencia. Hagamos de nuestro espacio de trabajo el lugar correcto.
Seamos conscientes de que esta dinámica no nos cuesta trabajo solo a nosotros, es la realidad de todas las personas del planeta, o si no, veamos qué pasa en Hollywood. Es tarea nuestra adaptar la coyuntura a las dinámicas, finalmente somos expert@s haciendo esto como lo demuestra la historia. No caigamos en el error de evitar las realidades y las posibilidades.